Víctima del terrorismo.

Sólo soy una víctima del 11-M

Durante tres años, con el corazón roto y en mi absoluta soledad, me he visto sumergida en una vorágine por mis ansias de saber ¿cómo no se evitó?
Lo cierto es que hay un entramado político viviendo a costa de mi dolor y del de todas las víctimas, construido con sospechas y mentiras. Arma para los pobres indecisos que dan el poder.

Ahora que se celebra el juicio, se desvía la mirada, pero lo cierto es que el león del Congreso sabía que los islamistas estaban en Morata. Sólo somos votos.

Diarios de renombre crean las sombras para sus intereses con absoluta desvergüenza y falta de ética. Las asociaciones de víctimas al servicio de sus ideales son paraísos fiscales.

He rezado mucho; mi Dios me ha dado paz y perdón, y me ha permitido encontrar la calma que los terroristas me robaron. Lo sorprendente es que ellos también lo hicieron en nombre de Dios. Y no digamos, los santurrones que rezan a Dios, pero envenenan cada día con sus palabras.

A mi amor, muerto en Atocha, y a mí, nos encantaba el teatro. Hoy son plena actualidad algunos juglares de discutible calidad. Cuando los muertos recibieron la Medalla al Mérito en el Trabajo, los Reyes y los políticos de este país me dieron cariño y comprensión; los representantes del PP no se me acercaron.

Murió un hombre bueno, el amor de mi vida, un padre ejemplar. Sus asesinos están siendo juzgados. Gracias al fiscal y al juez por la disciplina y el respeto con el que están realizando su trabajo.

Hoy, en 20 Minutos. 
A veces, los pretendidos representantes de las víctimas -de algunas víctimas-, aprovechan la desgracia de sus representados para impermeabilizar una postura política concreta, excluyente y represiva; cualquier pobre infeliz que se atreva a cuestionar una actitud tan injusta como infame, obtendrá únicamente una serie de furibundos descalificativos convenientemente entreverados con la sangre, el sufrimiento y la muerte explicitada de las víctimas: sus víctimas.

Esta pobre mujer supongo que entra dentro de la clase de víctima que tendría que meterse sus muertos por el culo; o incluso de ese selecto grupo promovido por la católica Cadena COPE, a los que habría que excluír de la caridad cristiana.

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