Decíamos ayer.

…Que paseando distraídamente por la Avenida Pío XII, creí entrever que Aznar pasaría a la historia como un político hábil e ingenioso. Lo que no es óbice para que lo haga mediante una acción política pueril, maniquea y estúpida.

Finalmente he desistido –por el momento- de, si no analizar, sí enumerar el contexto alienante conformado por el Partido Popular y la derecha fáctica –palmo mucho tiempo en el transporte público, duermo poco y apenas juego al wow; le pueden ir dando a España-. Pero sí quiero nombrar uno que siempre me ha parecido curioso.

La Derecha, para maquillarse frente al pueblo después de períodos más o menos traumáticos, se ha presentado ante ellos de manera impúdica y asombrosa, bajo nombres ambiguos fácilmente reconocibles en el subconsciente de la ciudadanía. Así, en plena transición, la coalición que aglutinó a la mayoría de la derecha –con mucho vestigio franquista; por no decir con todo- se llamó Alianza Popular, en aparente mimesis del revolucionario Frente Popular de la Guerra Civil.

También pasa por ejemplo con el Liberalismo; una preideología dieciochesca cuyo único fin era oponerse al absolutismo monárquico -como precursora, podría serlo más de un movimiento progresista y social que de cualquier otra cosa-, es tomada por la Derecha con dolosa iniquidad semántica –o simple necedad-, como una especie de ejercicio democrático primigenio. Inquebrantable ejercicio que sin embargo se limita a una vaga mención democrática –sui generis incluso- en oposición a un absolutismo difuso y caricaturesco…

Se utiliza también en su vertiente económica -con mayor improbidad semántica- para describir la necesidad de un capital libre, donde el absolutismo sería el intervencionismo de un Estado garantista. Como cualquiera sabe, un capital enteramente libre –eliminando grandes obstáculos como la Seguridad Social- resolvería todos los problemas del Mundo; uno puede pensar que no, que simplemente nos dejaría a merced de las grandes corporaciones y de la tiranía de las familias secularmente ricas… pero me estoy yendo por las ramas.

Hablaba de esto para introducir lo que me parece el gran acierto y la gran herencia política de Aznar: El Centro. 
Nadie me podrá negar que tiene un mérito enorme haber hecho –y hacer- creer a más de 7 millones de españoles –de los 9 millones y algo que votan al PP, 2 millones conocerán positivamente la verdadera orientación política del partido-, que un partido fundamentalista yultraderechista es de Centro. Los buenos resultados están más que contrastados.
Puede parecer una soplapollez, pero Aznar obtuvo incluso un reconocimiento internacional sin parangón, cuando consiguió que la Internacional Democrática Cristiana adoptara su Centro, y pasara a llamarse Internacional Democrática de Centro, presidiéndola él mismo –lástima que esos desagradecidos estén devolviendo el cristianismo al epígrafe; putos beatos-.

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