Archivos Mensuales: septiembre 2007

Valones y Flamencos.

Más de 100 días después de las elecciones, la profunda división existente en la sociedad belga permea a una clase política incapaz de formar gobierno –por cuarta vez en su historia reciente-.

El recelo entre flamencos y valones, la total separación de sus cotidianidades es tal, que se vislumbra más preocupación por un futurible debate sobre las condiciones de la escisión –los políticos, al igual que la gente de a pie la sitúan en un difuso medio plazo-, que por la constitución de un nuevo ejecutivo.
Un líder político flamenco lo dejó claro, los belgas sólo tienen tres cosas en común: la cerveza, la selección nacional de fútbol y al rey.

La posible disolución de Bélgica me interesa debido al más que probable ejemplo que supondría para nuestros nacionalismos. Huérfanos de un referente cercano y satisfactorio –constituyendo el Ulster un caso demasiado complejo y de implicaciones totalmente contrapuestas. Y siendo otros ejemplos de nacionalidades históricas, como Escocia, contraproducentes dado su ínfimo grado de autonomía en comparación con nuestras Comunidades-, el caso belga podría suponer el argumento definitivo que fundamentara sus demandas de independencia.

Me gustaría creer que algo así podría forzar que el país –el PP-, adoptara una actitud democrática responsable y moderna; alejado del espurio fanatismo electoralista que vertebra hoy su discurso, y que mantiene constantemente incendiado el debate político nacional.
Hoy por hoy, una cuestión como la reforma constitucional –muy necesaria en determinados aspectos- es inasumible por culpa del ensordecedor ruido político que generaría. Por mucho que unaconstitución de la que estamos tan orgullosos, no ampare derechos fundamentales ampliamente reconocidos internacionalmente. Como el derecho a la autodeterminación.

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