Perlas.

En las páginas de El Viejo Topo, en sus libros y en su revista, tiene cabida todo aquello que inquiete, que inquiera, que incite a la reflexión y, como consecuencia, a la acción, en un mundo que no destaca precisamente por su sentido de la justicia, de la igualdad, de la solidaridad o de la defensa de las libertades. De este modo, El Viejo Topo quiere contribuir a renovar, desde una perspectiva crítica, un panorama que comprende lo económico, lo social, la cultura y la contracultura, la ciencia, el poder y su negación, la política y el pensamiento, dirigiéndose a quienes no se conforman con lo que las cosas parecen, y quieren saber lo que las cosas son.

Así se autodefine la editorial El Viejo Topo.
Entre un catálogo editorial en mi opinión harto interesante, encontramos dos libros titulados Perlas, escritos por Pascual Serrano, cuyo primer volumen me fue muy amablemente prestado recientemente.
Antes del préstamo no conocía de nada al autor, por lo que mi actitud hacia el libro –y el autor- fue esa mezcla de pretendida objetividad inquisitiva, con la más insoslayable desconfianza del escéptico pertinaz.

Pascual Serrano glosa toda una serie de noticias aparecidas en los más importantes medios de comunicación –nacionales e internacionales-, cuya simple mención chirría por lo disparatado, inexacto –cuando no abiertamente falso-, manipulado, capcioso, torticero, etc, etc; a veces resultan achacables a la impericia e idiotez del periodista, otras veces a un espurio interés oculto de la corporación o el capital que sostiene al medio, o sus clientelismos.

Al contrario de lo que se pueda creer, por la línea de la editorial y la ideología del escritor, no se ceba en medios conservadores –a los que reconoce, no obstante, como una fuente inagotable de perlas-; suele hacer mayor escarnio de El País, y de una televisión pública dependiente de los socialistas y sus socios parlamentarios.
Sin embargo, a veces queda enredado Serrano en su propia retórica, recayendo en un dogmatismo subjetivo muy alejado del brillante espíritu crítico del conjunto del libro.

En definitiva un libro ameno –se lee en otro ratito, como el de Lakoff-, que nos destapa las barbaridades que comete la prensa diariamente.

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