Archivos Mensuales: marzo 2009

Elecciones vascas.

Primero fue Navarra, y ahora es el País Vasco, el nuevo quebradero de cabeza del Partido Socialista.
Si la federación Navarra fue llamada rápidamente al orden ante un hipotético pacto con Na-Bai, y obligada a dejar vía libre a un gobierno en minoría de UPN, dado el ruido político que el PP empezaba a capitalizar con aquello de: ZP entrega Navarra a ETA -si bien todo aquello tuvo un efecto colateral bienvenido, con la fractura de PP y UPN-, la triunfalista campaña de Patxi López y el descalabro del bipartito gallego, parecen empujar sin remedio al PSE en una huída hacia delante con destino al palacio de Ajuria Enea.

No debería cometer López el mismo error que cometieron anteriormente los nacionalistas, forjando una coalición mal llamadaconstitucionalista que excluyera a los nacionalistas de manera sistemática. Coalición que, además, nacería viciada por el oportunismo y el revanchismo del PP.
Una buena parte del votante socialista no entendería que se aceptará el apoyo de PP y UPyD para la investidura, cuando el único objetivo que persiguen estos partidos en la política vasca es la erosión del socialismo y del nacionalismo, haciendo converger sus iniciativas, en última instancia, en la exaltación del nacionalismo español pararetroalimentar a sus votantes del resto del país.

Desde cualquier perspectiva, esta coalición sería muy nociva para el PSOE; por un lado, tendría que amortizar un importante desgaste político local, abanderaro por el PNV, en el supuesto de un gobierno orquestado desde Madrid en el que se ignora a la mitad del pueblo vasco.
Tampoco se debería perder de vista ese 8.3% de voto nulo achacable a la izquierda abertzale en la órbita de ETA; el PSE debería atenuar sus manifestaciones y no entrar en sublimar una victoria españolistaque margina el voto de 100.000 personas. Esto representa el verdadero problema vasco: la sociedad tiene que encontrar las herramientas, los argumentos, para incluir a estos 100.000 vascos dentro de los cauces legales de la democracia, cualquier solución que no cuente con ellos perpetuará el problema. En este sentido, la agria reacción que provoca Aralar entre los abertzales nos indica que han de ir por el buen camino.

En el mismo supuesto, PP y UPyD aprovecharían la menor disidencia a sus postulados españolistas, la más nimia estridencia a su estanco dogmatismo para explotarlo buscando el rédito electoral.
El resultado parece claro: cuatro años de desgaste local y nacional, a lo que se sumaría una presumible decepción y desmovilización del votante de izquierda.

En la segunda hipótesis, tanto si el PSE pactara con el PNV, como si propiciara una investidura de Ibarretxe en minoría, el coste nacional también podría ser alto debido a la polémica política que generaría el PP; y también cabría achacar cierta desmovilización del votante que acude a los socialistas para castigar al PNV.
Difícil la encrucijada que se abre a los pies de Patxi López.

Mención especial merece Javier Madrazo y Ezker Batua.
Madrazo concluye una gestión pésima del partido que lo acerca irremediablemente al abismo de la desaparición. 
Con políticas conniventes con un nacionalismo alienante, de corte burgués, ha conseguido anonimizarse diluyéndose en las meras exigencias soberanistas, dirigiendo indirectamente el voto a opciones más representativas: PNV, Aralar, EA. O fomentando el voto útil al PSOE.
Espero al menos que este resultado suponga el fin de uno de los mayores responsables del descrédito de IU, en todo el territorio nacional.

Federalismo, por supuesto, pero internacionalista, y sobre todas las cosas la lucha obrera -que alguien tendrá que rescatar de la UCI-; tenemos mucho que aprender de los Partidos Trostkistas Anticapitalistas de los Trabajadores franceses.

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