Archivos Mensuales: mayo 2009

Ley del aborto.

Ante la proximidad de las elecciones al parlamento europeo, y más que las propias elecciones, la intención del Partido Popular de convertirlas en una reválida del gobierno, se están incendiando hasta límites insospechados debates como el de la reforma de la ley para la interrupción voluntaria del embarazo; así como decisiones accesorias, como la de expender la llamada píldora del día después sin receta.

Los más ultramontanos de entre la caverna popular, flanqueados por los sectores sociales más conservadores, se rebelan contra la reforma de una ley que aclaran “Está bien como está”.
Una ley imprecisa y contradictoria muy del gusto legislativo del PP, nacida de una discrepancia aún más enconada que la actual, datada en la efervescente década de los 80, y que lo mismo puede servir para abortar libérrimamente sin plazo ni cortapisa, que para obstruirlo y perseguirlo, criminalizando a las abortantes -instrumentalización política mediante-, como nos demostró recientemente la lideresa en la Comunidad de Madrid.
Sacar del limbo una ley que enmascara la realidad, aceptar y normalizar esa realidad; combatir la fuerte discriminación que sufren muchas españolas por razón geográfica, se ve que no es prioritario para los populares.

Pero, claro, los políticos populares andan muy ocupados clamando al cielo por el hecho de que las niñas puedan abortar libremente desde los 16 años; no comprenden que se les escamotee a los progenitores la capacidad de imponer cristianamente su solemne opinión a la criatura.
Para el PP la libertad de la niña es una falta de respeto, algoinaceptable e inmoral. Les resulta inconcebible que un presidente de gobierno abogue por dicha libertad inalienable. Para esto no ganamos una guerra, se maldecirá alguno.

Uno, que ante todo es buen cristiano, y mejor español, quiere complementar el argumento popular porque sólo aborda la mitad de la cuestión.
La opinión de los padres debería ser determinante para el aborto -en el hipotético caso de que el estado en cuestión estuviera gobernado por rojomaricamasones y se tolerara tan vil y nauseabunda práctica-, pero también para el embarazo.

Propongo un protocolo por el que, en el caso de que una niña quedara embarazada haciendo un uso inaceptable e inmoral de su libertad inalienable, fuera temporalmente recluída en una institución relacionada con alguna Fuerza de Seguridad del Estado, junto con elfecundante.
Para no menoscabar la autonomía paterna con una intolerable política de hechos consumados, se abortaría preventivamente a la menor. Si posteriormente el padre decidiera que la niña quedara embarazada, elfecundante estaría obligado a preñar de nuevo a la niña, quedando recluidos hasta que se efectuara el reembarazo.

También cabría especificar en el texto de la ley que el niño sólo tiene una responsabilidad seminal, y que no caben acciones de represión o acoso sicológico, que si serán preceptivas en el trato con la niña.
Aparte, sugiero degradar la opinión de la madre a un estadio de subsidiariedad, para no dejar en un mero brindis al sol nuestra pequeña ordalía falócrata.

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Música cotidiana.

Suele ocurrirme que a determinadas acciones, o momentos, asocio una música. Por ejemplo, recuerdo que la última vez que me pelee, hace mucho tiempo, dicho sea de paso, Guerrilla Radio atronaba en mi cabeza:

(…) They hold the reins and stole your eyes
Or the fistagons
The bullets and bombs
Who stuff the banks
Who staff the party ranks
More for Gore or the son of a drug lord
None of the above fuck it cut the cord (…)

Casi cualquier otra canción de Rage Against the Machine sería igualmente proclive para tales menesteres, así como hoy en día podría sonarme Exhale de Machine Heads.
Pero en esta entrada no se va a hacer apología de la violencia: niños, recordad no intentar esto en casa.

Si pienso en el Tetris del Spectrum vendrían a mi cabeza, como con el elefante de Lakoff, Demócrata y Cristiano de La Polla Records y Se le apago la luz de Alejandro Sanz -culpa de la adolescencia moña de mis dos hermanos-.

Como se puede ver, algo que hasta hoy era exclusivo del ámbito personal; pero estos días me he sorprendido cantando mentalmente El gitano Antón, de Peret, mientras leía el pan nuestro de cada día de las corruptelas del Partido Popular.

(…) Llegó la pestañí, que también era caló,
llegó la pestañí, que también era caló
y tuvo la mala bají, de hacer la investigación
¡Y tuvo la mala bají, de hacer la investigación! (…)

Parece que se fuera a arrancar a cantar en cualquier momento Francisco Camps.
Este pintoresco asociacionismo provendrá en parte de la inclinación que tienen últimamente los políticos populares por pagarlo todo en efectivo -y quién les podría recriminar no fiarse de los bancos-; una reminiscencia inevitable de tiempos pretéritos, donde el flujo monetario empezaba y terminaba en el colchón de cada cuál.
Ahí los tenemos, que igual pagan un viaje cercano a 10.000 euros, que se presentan en el BBVA de enfrente del Congreso a ingresar 300.000pavos; menudencias.

El dinero debe constituir el hábitat natural de unos políticos que excusan fortunas hereditarias, y yo diría que casi orgánicas, cuando algún desaprensivo les afea semejante trasiego de papel moneda; como si tuviera algo de malo ser multimollonario por designación divina -orecalificativourbanística-, o solazarse entre el dinero cual gorrino en muladar. No por nada, una de las imágenes idílicas con las que el capitalismo preña el imaginario colectivo, ya desde niños, es la del tío Gilito nandando en un mar de calderilla.
Aunque nuestros políticos populares no incurren en excesos pueriles, prefiriendo esa entelequia física que son los billetes de 500 euros.

No por vicio, cuidado; el político del Partido Popular necesita sentir sobre el cuerpo la textura del billete, a modo de parche de nicotina: que la tinta se funda con el sudor y discurra por su pituitaria.
Sin duda alguna, si hiciéramos un exhaustivo análisis del ADN de dichos políticos, a buen seguro encontraríamos trazas del billete en sus organismos. (…)

Sigue sonando en mi cabeza la rumba de Peret, si cabe con más insistencia, cuando pienso en la sentencia del Yak 42.
Trillo, que hubiera pasado a la historia de la democracia como el Ministro más ridículamente engolado -con viento fuerte de levante-, de no haber traspasado cualquier límite permisible de indignidad con este caso, cree que la contrición de un supernumerario del Opus, afectada con inspiración shakespeariana -aunque no pase de opera bufa-, bien debería convalidar cualquier responsabilidad política, administrativa, o penal.

El rezo convulso y compulsivo puede quedar muy bien como postal mariana, pero alguien tendría que exigirle a este indeseable que recoja la poca dignidad que le pueda quedar, y se marche para dejar de emponzoñar la vida política.
Si ya era grotesca la falta de asunción de responsabilidades políticas, con la condena de sus tres subordinados resulta intolerable su mera presencia en el Congreso de los Diputados.