Archivos Mensuales: junio 2009

Medios de desinformación.

Leyendo el artículo de The Electronic Intifada, traducido enRebelión, con algo de imaginación y perspectiva, tratando de traspasar nuestro propio horizonte, podemos llegar a entrever hasta qué punto está secuestrada la voluntad colectiva de la sociedad occidental. Cada día que pasa, eso que podríamos llamar poder fácticooligarquía, o cualquier otro término abstruso –que alimenta cierta percepción fantasiosa de las críticas al sistema, en conjunción con la propaganda oficial-, dirige milimétricamente la línea de pensamiento del ciudadano del Mundo Libre.

La guerra ideológica que liberan subterráneamente lobbysconservadores –denunciada entre otros por George Lakoff-, parece estar eclosionando y a vista de los resultados, diría que ha cumplido amplísimamente sus presumibles objetivos.
Ocultar información a una población adocenada, sepultando cualquier noticia molesta, o desafecta con el régimen, entre miles de seudo noticias vanilocuentes –nuestra mal llamada sociedad de la información-; manipularla con la sobre exposición a la tendenciosa versión oficial, participada por corporaciones, bancos y estados, etc, etc, no parecía algo difícil. 
Enturbiar el flujo informativo a gente instruida, firme en la convicción de buscar fuentes independientes alejadas de los dictados ajenos, sensible al devenir de la sociedad que le ha tocado vivir, parecía más complicado.

Y sin embargo es lo que están consiguiendo.
Ejemplos hay tantos que enerva la mera idea de listarlos; limitándome a un par de días, es fácil hablar de Manuel Zelaya y Honduras. Uno de estos sátrapas bananeros, según dice la prensa libre, que quiere modificar la constitución para perpetuarse en el poder –algoreprobabilísimo, únicamente concebible en los regímenes más cavernícolas y autoritarios, como España o buena parte de la Unión Europea-, a imagen de ese par de criminales internacionales que son Hugo Chaves y Rafael Correa.

Nada que ver con grandes aliados del Mundo Libre, y democracias ejemplares, como la Argelia de Abdelaziz Bouteflika –estrenando desde hace unos meses tercer mandato previa reforma constitucional, pese a lo cual, sorpresivamente, ningún medio occidental alentó golpe de estado alguno en su contra-, o la Colombia de ese hombre pío, Álvaro Uribe –otro del club del tercer mandato con reforma constitucional a juego-.
Países egregios, garantes de muy democráticos genocidios, represiones y tropelías diversas.

El hecho de que las protestas en Georgia se retransmitan en función de si son a favor o en contra del pro occidental presidente Mikheil Saakashvili, las huelgas en Egipto, las de indígenas en Perú, etc, etc.

O la actitud de la prensa respecto a las manifestaciones en Irán; esto es con diferencia lo que más me intriga. 
Algunos periodistas estadounidenses han alumbrado cierta teoría de la conspiración, por la posible implicación de la CIA en la organización y el transcurso de las protestas. Para lo cual rescataron manifestaciones de militares y responsables de la Agencia, con el antiguo gobierno de Bush, donde se referían abiertamente a maniobras de contraespionaje y desestabilización planificadas en Irán.
Lo que me intriga de estos movimientos a favor de la oposición iraní, es el papel que jugó la propia prensa occidental, con EEUU al frente, en la caída de Mohammad Khatami, muy cercano al hoy mesiánicoMousavi…

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Llévame de paquete en tu Mobylette.

Pensé que tardaría más en remedar el soneto dedicado al mulá Omar -de hecho, hubiera apostado que al final lo habría abandonado en el nebuloso terreno de los propósitos-, pero después del poema sobreJosé Mari, una hemorragia lírica incontenible y exuberante me ha llevado a concluirlo precipitadamente; incluso respetando la rima consonante, que sea un soneto isabelino y que contenga una rima esdrújula.

Al Mulá Omar, dónde quiera que estés (si es que alguna vez has estado en alguna parte)

Cortando el Horizonte su figura
avanza por el desierto borroso,
huyendo en intrépida singladura,
mulá motorizado y borrascoso.

Las centenares de Aerotransportadas
que buscaron la parva mobylette,
sólo hallaron regiones agostadas,
triste final de tamaño sainete.

Por tu elusividad impresionante
protervos sediciosos coligieron,
que no eras sino ficción galopante;
torva artería con la que subvirtieron

la autoridad de este mundo prostíbulo,
enviando la libertad al patíbulo.

Oda a Josemari.

Creo que siempre me he considerado poeta por encima de cualquier otra cosa –antes incluso que leñador y filósofo; futurible profesional alumbrado en mis más alunadas, y posiblemente febriles, fabulaciones-. Y no crean que es un anhelo infundado; hasta hoy mi vasta obra poética comprendía un soneto –lo que traducido en magnitudes cantorianas bien podrían ser uno, o varios infinitos-. 
Entenderán que si un soneto bastaba para que me considerara poeta, un segundo soneto incidirá doblemente en mi condición lírica.

Llevaba tiempo detrás de escribir este poético ditirambo, al más refinado especimen resultante de miles de años de evolución carpetovetónica:

A José María Aznar, mientras la patria (¡el mundo!) agoniza.

Obscuros cúmulos cierran el cielo, 
lamentos exánimes exhalados 
por seres humanos despesperados, 
trasiegan un viento en reciente duelo. 

Fugaz crepúsculo de un planeta huero, 
¿no habrá quién nos rescate, y elevados
adulémosle todos, solazados, 
concediéndole inmarcesible fuero? 

Príncipe nuestro, luz occidental,
¡Aznar! Quebranta el celeste enlutado,
¡desciende adalid neoliberal!

Prodiga precariedad, alumbrado,
Con la caridad catecumenal
De la que tú, ahíto andas sobrado.

Y de regalo un Cuarteto que quedó suelto en los trabajos preliminares de tan magna obra poética:

Negros cúmulos borran el celeste,
lamentos exánimes exhalados 
por seres humanos despesperados, 
trasiegan un viento opalescente.

Cuando pensaba en el soneto que quería dedicarle a Aznar, otra figura cruzó mi mente como un fogonazo –bueno, quizá no tan rápido-; un personaje que para sí quisieran los románticos más azarosos: el Mulá Omar.
Convendrán conmigo que su huída en mobylette por aquellos desiertos inhóspitos, bien dan para una epopeya babilónica. 
Me comprometo a que mi próxima composición poética tendrá como protagonista al astuto clérigo afgano. Además intentaré respetar las rimas consonantes, e incluso hacerlo en un soneto isabelino, o al menos colar una rima esdrújula.