Archivos Mensuales: agosto 2009

Los sopores de Cospedal.

Los excesos verbales de María Dolores de Cospedal me pillaron tendido en la playa, torrándome despreocupado, y enseñando el culo inadvertidamente a unos desprevenidos bañistas. 
También en medio del sopor vacacional llegó la noticia del sobreseimiento de la causa contra Camps, por aquellos celebérrimos trajes que le regaló ese Bigotes al que quería un huevo –y querrá, debemos suponer: de buen nacido es ser agradecido-.
Un sobreseimiento largamente anunciado, y hasta pronosticado con extraña precisión por muchos medios de comunicación, a pesar de los once indicios fehacientes de que el molt honorable no abonó los polémicos trajes y que, como poco, cometió perjurio al afirmar durante el juicio que los pagó de su bolsillo –o del bolsillo de su farmacéutica mujer, por mejor decir-.
El TSJCV había desestimado anteriormente investigar los contratos de la Generalitat valenciana con las empresas de la trama corrupta; así, de un plumazo, le ventilan a Camps todos los problemas con agostidady alevosía aprovechando que nuestra sociedad, ya de por sí anestesiada, transita el estío en estado vegetativo.

Viendo la progresión del caso Camps aún se entiende menos la actitud de Cospedal, y del resto de dirigentes que han suscrito sus palabras forzados, para frustrar lo que se había convertido en un suicidio político frente a los medios de comunicación del país.
Con lo solícito que se muestra el poder judicial con los conservadores –y con los empresarios: que se lo pregunten a los Albertos, o a César Alierta, que ni el hecho superfluo de delinquir les ha supuesto menoscabo alguno-, siempre dispuestos a actuar como fontaneros de guardia, ¿por qué no presentan las pruebas que dicen tener, sobre el espionaje que dicen sufrir?
Como a Alfonso Prego, seguro que hay un buen número de jueces a los que se les haría la boca agua, y los dedos huéspedes, sólo con pensar en la instrucción de un caso que derivara en la encarcelación de ZP y buena parte de su gobierno.

Malpensando ante semejante subsidiariedad del poder judicial a los poderes fácticos, el hecho de no presentar estas teóricas pruebas sólo puede deberse a su inexistencia. O quizá responda a una pretendida elusión de la evidencia de que si sus políticos no robaran, o no cometieran ilegalidades, no serían investigados: el drama del PP es que el supuesto espionaje ha pillado a medio partido metiendo mano en la caja.

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