Archivos Mensuales: septiembre 2009

Exégetas de la crisis, apologistas neoliberales.

Un año después de la caída de Lehman Brothers, que casi provocó el colapso del sistema financiero internacional, los augurios de Immanuel Wallerstein se van haciendo realidad, en su más nefasta versión. Para Wallerstein, el capitalismo murió con Lehman Brothers y los bancos de inversión, pero advertía de que el nuevo sistema que emergiera podría ser mejor, o peor que éste.

Nada hemos aprendido de la crisis; lejos de establecer los cambios estructurales necesarios para evitar este, u otro tipo de excesos, nos hemos dejado enmarañar aún más en la retórica y la manipulación de la oligarquía socio-económica, que erosiona el nivel de bienestar y las libertades en los países del Mundo Libre desde hace décadas –sería terrorífico describir la situación a la que abocan a los países en vías de desarrollo y del Tercer Mundo-. 
La prueba de esta insensible alienación, es que la recuperacióneconómica la están pilotando los mismos que provocaron el cataclismo.

Nada se ha avanzado sobre la escandalosa remuneración, los famososbonus, de los banqueros y los principales ejecutivos de las Blue Chips; al contrario, ahora se radica la gestión, y se residencia a los gestores, en paraísos fiscales para evadir el control de los gobiernos. Territorios off shore que aún están lejos de cumplir con los requisitos de transparencia exigidos por el G-20.

Los ulemas neoliberales –en especial los nacionales-, repiten hasta el hartazgo, eso sí, la imperiosa necesidad de liberalizar el mercado laboral; lo que en realidad quiere decir imponer el despido gratuito e indiscriminado, y degradar la capacidad de representación de los trabajadores mediante un comité de empresa meramente subsidiario.
Últimamente, además, en plena y desvergonzada huída hacia adelante, defiende también aumentar la productividad; lo que para ellos consiste en bajar de media los salarios entre un 10 y un 20%, condición sine qua non, dicen, para competir con países como Alemania.

Curioso silogismo: para competir con Alemania, un país a años luz de España en salarios, beneficios y servicios sociales, etc, etc, tenemos que precarizar aún más nuestras ridículas nóminas.
Podíamos pensar que el mileurismo era una tragedia impuesta como un yugo sobre la gran mayoría de la población, cuando en realidad es un exuberante e inasumible privilegio.

Pero hay que estar de acuerdo con este reajuste -que no rebaja; ante todo, lo importante es la perversión semántica, y su percepción por el elector-, pero pensando, pensando –vicio que trato de erradicar-, pienso en Ignacio Sánchez Galán y los 18 millones de euros que ganó el año pasado. Dejando su retribución en un austero milloncejo, se podría convalidar la reducción salarial de 11.400 trabajadores… todo sea por la santísima productividad, y nuestra mortal pendencia contra Alemania.
Ni hablar ya, claro, de la remuneración, dividendos, bonuses, etc, etc, de las principales empresas del Ibex y sus altos ejecutivos.

La crisis sólo está sirviendo para dar otra vuelta de tuerca en las relaciones laborales, como se está viendo en France Telecom. Laposmodernidad financiera somete al trabajador a unos niveles de presión y unas tácticas empresariales –traslados forzosos, degradaciones, cambios de actividad, rotaciones para no establecer relación con otros compañeros, etc, etc-, rayanas en la tortura.
El resultado visible: 23 suicidios. El invisible, una serie de trastornos sicológicos ahora mismo difíciles de ponderar, tanto en su calado como en la extensión dentro de la plantilla de la telefónica francesa.

Si pensamos que la crisis del modelo capitalista nos obligaría a cambiar de dirección en el futuro, hacia sistemas más solidarios y justos, estábamos muy equivocados: el futuro que nos espera es el que se columbra en la gestión de France Telecom. Y más radicalizado, en las minas de coltán congoleñas.