¡Aplausos!

[O]ne should always be very suspicious when someone proposes that others endure nasty sounding conditions for their own good, which the someone proposing would never dream of countenancing for himself or herself. The proposal may not be made in bad faith, but it’s not likely to be made with any very great imaginative sympathy for its intended subjects.

Dicho por Henry Farrell, uno de los autores del magnífico blog Crooked Timber.

En el caso español, viendo la cerrada ovación con la que los diputados han saludado los recortes comunicados por su líder, Mariano Rajoy, podríamos presumir que sí hay una generosa cantidad de mala fe.

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Este aplauso que abunda en la miseria de millones de sus compatriota esta intolerable astracanada con la que festejan su total desconexión con la realidad cotidiana del país…
Sé que a nadie medianamente informado le sorprenderán estos derroteros del PP, ni el hecho de que sólo se preocupen por mantener intacto su ecosistema de Abogados del Estado, Registradores de la Propiedad, Directores y Subdirectores Generales, etc, que se trocan en Consejeros Delegados, Asesores, etc, de las empresas privadas que han favorecido con nuestro dinero. A esto se reduce la meritocracia ibérica: una sinecura hereditaria.

Aplauden, y privadamente brindarán, al final del día, envanecidos, conscientes de que no tienen que compartir nuestro sufrimiento.

Un pensamiento en “¡Aplausos!

  1. Pedromantik Autor de la entrada

    La racionalidad humana actúa bajo una praxis comunicativa de reglas sintácticas, semánticas o pragmáticas que posibilitan la comprensión de significados, valores, símbolos Y normas. La identidad de sentido no es secreta o reservada y transita por la senda dialógica de la intersubjetividad. La estructura preexistente del significado remite de forma imperativa al contexto común, asumido previamente, entre los hablantes e integrantes, un “saber de fondo” implícito por quienes se comunican, se levantan o aplauden.

    Este “saber de fondo” desde la perspectiva de la fenomenología social haberniana tiene que ser forzosamente compartido. De no darse el caso, la pluralidad, arbitrariedad y divergencia en la comunicación terminarían por erosionar los espacios dialógicos compartidos desencadenando primero la desintegración social entendida como automatización unidireccional política para finalmente, reducir a la nada, el entramado discursivo obligatorio de la formación del poder democrático en un modelo participativo.

    Este vandalismo comunicativo, además sistemático, manejado por el gobierno denigra coram populo la razón política elemental y entronca, como bien dices, con la maldad hegemónica, o tesis personalísima, la impericia propia de aquellos que carecen del producto histórico-cultural imprescindible para discernir la intersubjetividad del sentido, remitiéndonos entonces, si se acepta la conspiranoia, a dos estupendas películas como “Society” (1989, Brian Yuzna) y “They Live” (1988, John Carpenter).

    La exclusiva obsesión por el déficit respalda, todavía más si cabe, la hipótesis de la no naturaleza humana de la cúpula y los cachorros del PP.

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