Archivos Mensuales: septiembre 2012

El explorador generacional

En las exégesis de la crisis se han aducido diversas causas en su origen y variopintas soluciones para remediarla, algunas bienintencionadas, atinadas, o no; otras pergeñadas para enmarañar el debate y desviar la atención de las verdaderas causas, y los verdaderos responsables/beneficiados.

Entre estas últimas se encuentra la teoría de que vivimos inmersos en una suerte de guerra generacional en la que los viejos explotan a los jóvenes, sustentando un exuberante nivel de vida en la cada día más acuciante miseria del joven.

Lo primero que me llamó la atención es la atemporalidad de esta teoría: un joven explotado en los 80 debería de haber degenerado, en algún momento, en un viejo depauperado, sin recursos ni poder de influencia. Pero no, o se evaporó, o de la noche a la mañana se transformó en un viejo vampiro que se alimenta con sangre joven -nótese como se puede entrever aquí la demonización reaccionaria de la solidaridad dentro de un estado socialdemócrata-.

He leído que los viejos se enriquecieron a nuestra costa con la burbuja inmobiliaria, algo que para mí es la sublimación de la anécdota personal sustituyendo al análisis racional. Quiénes se enriquecieron con los flujos de capitales propiciados por el euro, que inflaron la burbuja inmobiliaria, no es ningún secreto; quiénes son los perjudicados tampoco. Los datos corroboran una situación más cercana a la lucha del 1% contra el 99%, de movimientos sociales tipo Occupy. Corroboran que lo más ricos están consiguiendo atrapar una mayor porción de los ingresos, en detrimento de los trabajadores y de la clase media.

La otra vertiente de esta teoría es que los jóvenes son expoliados para pagar las pensiones a los mayores, y que el Gobierno, en especial el de España, ora con Zapatero, ora con Rajoy, da una preponderancia total a estos últimos abandonando a su suerte a los jóvenes. 
Aquí también entreveo ese eco reaccionario anti estado del bienestar -La Seguridad Social es una Ponzi scheme, uno de los lugares comunes favoritos de Ron Paul, verbigracia-, que en nuestro caso aprovecha el contexto de una población paulatinamente más envejecida, y unas proyecciones de insostenibilidad con un fuerte componente ideológico, para ganar tracción en la opinión pública.

Nuestro sistema de pensiones en números:
La esperanza de vida en España es de 79 años para hombres y 85 para mujeres. 82 de media, 2 años por encima de la media de la OECD ¹, un grandísimo logro que en la coyuntura actual se pervierte y se presenta como un problema para la viabilidad económica del país.
La jubilación efectiva es de 61.8 años para hombres, y 63.8 años para mujeres ².
Hay 5.289.994 jubilados a día 1 de diciembre de 2011, que cobran una pensión media de 923.06€ ³.

El gasto en pensiones de jubilación fue de 58.596 millones de euros en el año 2011, un 5.236% del PIB español (1,153 Billones de euros), frente al 7.5% de media de la OECD.

Se podría valorar la utilidad marginal de esa pensión media de 900 euros, máxime en una economía tan deprimida como la nuestra; o el hecho de que las pensiones están nutriendo las redes asistenciales familiares -esa ultimísima esperanza para muchas familias sin ningún otro ingreso-, y por tanto realizando una labor social que debería de competer al Gobierno. 
También podríamos argüir que la esperanza de vida irá menguando junto con la crisis; y lo hará sobre todo la de una clase media, y unos trabajadores, expuestos a peores hábitos alimentarios, laborales, etc, etc.

Quiero acabar con un extracto del artículo de John Kay, The economy depends on the welfare state:

It is more than 30 years since I first attended a conference on the global welfare crisis. Rarely have a few months passed without an invitation to another. Last week, Tom Palmer, the American libertarian, came to London to denounce the “world-straddling engine of theft, degradation, manipulation and social control we call the welfare state”.

The content of these rants is familiar. Levels of welfare provision are unaffordable; government finance is a huge Ponzi scheme. A common conclusion is to provide an estimate of the discounted value of the cost of some hated item of expenditure if its current provision were continued into the indefinite future. Mr Palmer reported that the present value of unfunded liabilities of US medicine and social security is $137tn.

Social security is a means of inter-generational transfer…, but why … should we look after old people, who can no longer do anything for us?

The obvious answer invokes Kant’s categorical imperative: it would be good for everyone (including ourselves when we are old) if everyone acted in this way. We feed the generations of our parents and grandparents in the expectation future generations will come along and do the same for us. But the consequences of this arrangement do have the character of a Ponzi scheme. One day, the world will end and the last generation of workers will have been cheated of their expectation of a peaceful retirement. In the meantime it is possible to calculate enormous measures of unfunded obligations, and it doesn’t matter. The value of these obligations is offset by the implied commitments of future generations. …
Exaggeration can sometimes be forgiven when it is used to draw attention to a problem that has received insufficient attention. It is less easy to excuse when it threatens the fragile social arrangements on which economic security depends.

OECD better life index

Trends in Retirement and in Working at Older Ages

Datos INSS

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Pierre Menard, autor de El Quijote.

Pierre Menard se propuso reescribir El Quijote tan concienzudamente que su versión, inconclusa, terminó por no diferir ni una sola vírgula de la escrita por Miguel de Cervantes, si bien el subtexto y las referencias eran distintas. 
Me propongo a hacer algo parecido, un parecido lejano, con un sketch de los Venga Monjas: Infancia Prohibida.

Quiero reinterpretarlo en clave sociopolítica como la lucha entre la realización individual objetivista y el opresivo estado del bienestar socialdemócrata, que nos convierte a todos en parásitos improductivos.
La representación del individuo objetivista es, por supuesto, el impedido, y el objeto de su realización es cagarse en la mano. La madre es la socialdemocracia que lo acoge en su seno.

La lucha comienza con el desafío del objetivista al paternalismo del Estado anunciándole la consecución del éxito sin la intromisión, o colaboración de nadie. La respuesta del Estado socialdemócrata es contundente: primero apela a la noción platónica del Deber del ciudadano con la sociedad en la que ha nacido y crecido (“¡hijo mío!”), para acto seguido hacer uso del monopolio de la violencia, estableciendo el marco conceptual de la relación individuo-Estado. Finalmente, en un plano dialéctico le revela que eso es imposible: “no te llegan”. El Estado ha concebido una sociedad asistencial que se extiende como raíces entreveradas, por consiguiente, el éxito puramente individual no es posible en tanto que persiste dicho Estado.

La cosmogonía del objetivista se tambalea al reconocer algo que en realidad ha sabido siempre: “ha sido un señor”, confiesa. Su pueril ilusión de realización necesita de otro, un tiránico alienígena, que lo aboca a la categoría de parásito del esfuerzo ajeno. Unos y otros objetivistas necesitan del otro que otro parménido, el señor, el esforzado capitalista, para seguir manteniendo su ilusión emancipatoria.