Archivos Mensuales: marzo 2014

Condeno la violencia.

En una manifestación heterogénea de cientos de miles de personas, todas y cada una son corresponsables de lo que digan/hagan/etc. todos y cada uno de los manifestantes.

En un cuerpo de seguridad estatal, homogéneo y fuertemente jerarquizado, nadie es responsable de sus actos, no digamos ya corresponsable de los de sus compañeros.

Ésta es la lógica tras la que se enroca el establishment desde el 22M para criminalizar la disidencia, preparando el terreno para endurecer una represión que ya está cómodamente instalada en el totalitarismo fascista.

Poponen prohibir manifestarse en determinadas zonas de las ciudades -un paso hacia su sueño húmedo de legislar el derecho a huelga; legislar, por supuesto, es un eufemismo-, se sugiere responsabilizar a los organizadores, se hacen torvas admoniciones y los más imbéciles, siempre a la vanguardia en este país, azuzan el uso de armas de fuego.

Recordemos: una fracción minúscula de manifestantes -quizá hablamos de una proporción 1:5000, con estimaciones conservadoras- provoca una reacción desproporcionada dirigida a restringir las libertades de todos nosotros.

Comparemos esto con los lacerantes abusos de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado: los asesinatos de Íñigo Cabacas, Juan Andrés Benítez, etc; las agresiones y lesiones (Esther Quintana, etc); las violaciones a internas de CIES; la larguísima lista de abusos y torturas a reclusos (Arkaitz Bellón, etc)…
La proporción de violentos en las FF.SS. del Estado debe de estar, como mínimo, un orden de magnitud por debajo de la de los manifestantes, y sus consecuencias son muchísimo más graves. ¿Dónde están las medidas para purgar la violencia policial y acabar con su impunidad?

Nótese también que rara vez comienza un disturbio sin previa provocación, a veces -¿muchas?- espoleada por infiltrados en una suerte de versión bufa de El hombre que fue Jueves…

Comparad esta alegría para repartir de nuestros antidisturbios con la de sus colegas británicos durante los riots de hace un par de años: allí hubo pillaje, incendios, etc, pero la policía evitó los enfrentamientos para no empeorar la situación.
Tottenham ardió durante tres días y ni así se aprobó el uso de pelotas de goma. ¡Pelotas de goma! Ni hablar de munición real como desquiciada e irresponsablemente se reclama aquí.

Los policías británicos distan de ser unos angelitos, supongo que la diferencia estriba en que allí tienen un mínimo de cultura democrática.

Por tanto, ¿quién es el violento? ¿Acaso no es lícito defenderse de una institución corrupta y del orden tiránico que protegen?

Anuncios

Ideas, no ideología.

«Ideas, no ideología».
Con este eslogan presentaba UPyD, en 2007, su propuesta «revolucionaria» a los españoles.

Este rechazo a la ideología –y a la crítica ideológica– la comparten otros partidos y movimientos sociales; unos la verán como un obstáculo en su intento de reenmarcar las incestuosas relaciones de poder de la oligarquía, o de cooptar el descontento antisistema con el efectivo discurso nacionalista y xenófobo; otros como una herramienta de la vieja política que se interpone en el camino del nuevo orden social, cuasiutópico y de una transversalidad fantasmática.

La apelación a las ideas –también a los valores y a la moral– intenta reformular el debate político dentro del marco conceptual de la democracia liberal capitalista, convertida en realidad objetiva incontrovertible. ¿Y qué es esto sino ideología?

En su acalorada discusión con Chomsky de este verano, Žižek dijo:

[T]his bias is ideology—a set of explicit and implicit, even unspoken, ethico-political and other positions, decision, choices, etc., which predetermine our perception of facts, what we tend to emphasize or to ignore, how we organize facts into a consistent whole of a narrative or a theory. And it is this bias which displays Chomsky’s ideology in selecting and ordering data, what he downplays and what he emphasizes (…)

La ideología es la herramienta con la que interpretamos la realidad, por tanto, la pretensión de su superación no es más que la sublimación del cambio de narrativa.

Este cambio de narrativa está siendo utilizado por la derecha tradicional para enrocar sus inveterados privilegios, su constante acumulación de poder y riqueza, tras conceptos de apariencia objetiva: meritocracia, tecnocracia, cultura del esfuerzo, etc, etc.
La escasa movilidad social –la propia existencia de clases sociales–, las innumerables injusticias, la opresión de millones de trabajadores, la desesperación de millones de desempleados, etc, etc, bajo esta nueva luz, es el justo resultado del valor y el esfuerzo individual.

Las ideas, como heurísticos, también nos hacen abrazar con entusiasmo políticas cuyo alcance u objetivos desconocemos; Žižek de nuevo:

[T]he same goes for liberal-capitalist violence, of course—I have written many pages on the falsity of humanitarian interventionism. One does not need to know the brutal reality that sustains such interventions, the cynical pursuit of economic and political interests obfuscated by humanitarian concerns, to discern the falsity of such interventionism—the inconsistencies, gaps and silences of its explicit text are tell-tale enough. (…)

[o]ne should analyze the depoliticized humanitarian politics of “Human Rights” as the ideology of military interventionism serving specific economico-political purposes. (…)

Sin ideología no veo posible una oposición coherente a los valores, la moral, ni la política hegemónica; es por ello que, en mi caso concreto, me siento totalmente ajeno a muchos movimientos alternativos.

Mujer trabajadora

El 90% del trabajo mundial lo realizan las mujeres, por el que sólo reciben el 10% de la renta.
Este dato se suele compartir por las redes sociales de vez en cuando; que los porcentajes sean más o menos precisos, o que sean interpretables, es lo de menos porque representan fidedignamente la situación socioeconómica de la mujer en el mundo.
(El dato parece derivar de un informe del Banco Mundial donde se dice que la mujer realiza 2/3 del trabajo por 1/10 de los ingresos mundiales; y otro que habla de que es responsable de entre el 75% y el 90% del cultivo mundial, un trabajo habitualmente no remunerado. Lo anterior sale de dos búsquedas rápidas en google).

La mujer también soporta el peso del trabajo de cuidados y del trabajo reproductivo. Entiéndase trabajo como la relación de poder asimétrica inherente a la economía capitalista.
(Evidentemente suscribo la tesis de Shulamith Firestone que radica el origen de la opresión capitalista en los roles de género y la opresión femenina; y por ende, entiende que su liberación es socioeconómica y culturalmente anticapitalista).

La mujer es el sujeto revolucionario y hoy celebramos la construcción de un mundo más justo.

Proselitismo

–¿Tiene un minuto para hablar de nuestro señor y salvador, Jesucristo?

–No, lo siento, el último minuto para hablar de su señor Jesucristo se lo acabo de despachar a don Restituto, el diácono.

–Oh…

–Me sabe mal, de verdad; si quiere podemos hablar de la metodología agraria de las sovkhozy soviéticas.

–Preferiría que no, a mi padre lo mató Stalin.

–¡Vaya, maldita sea, qué mala pata la mía! Discúlpeme, por favor.

–Pierda cuidado, usted no podía saberlo.

–Así que su señor padre fue víctima de las purgas estalinistas.

–¡No, no! No me he explicado bien. Lo mató Stalin, un toro pardo, agalgado, de gran alzada y resabiado como el georgiano; pertenecía a una ganadería que colectivizaron durante la revolución de Asturias.
Mi señor padre era estucador, como Largo Caballero, pero el toreo era su pasión.

–Si le sirve de consuelo, murió haciendo lo que más le gustaba…

–¡Pues no, oiga, no me sirve! Fue esa irracional pulsión superyoica la que nos dejó huérfanos a mis siete hermanos y a mí. Está usted empezando a resultar muy desconsiderado.

–¡Perdón! Estoy absolutamente abochornado, ¡si hubiera un dios y fuera misericordioso permitiera que me tragara la tierra en este mismo instante!

–Pues parece que no hay tal dios, y si lo hay no es misericordioso, no sé qué es peor.

–Entre usted y yo, teniéndonos ya confianza, siempre me he maliciado que si había un dios necesariamente sería uno uránico, vesánico, tiránico, y no lo sigo adjetivando para no romper la aliteración.

–¿En qué lugar me deja esto que me cuenta como proselitista católico?

–Tampoco se coma mucho la cabeza; su dios de usted no siempre ha sido este dios acomodaticio y pequeñoburgués que se estila ahora.

–Tiene usted razón.

–Bueno, habríamos acabado antes si me hubiera hablado ese minuto sobre su salvador.

–Si quiere, otro día le cuento lo que hay que saber de él; como el hecho poco conocido de su mesiánica pericia con el buril, adquirida siendo aprendiz de su padrastro en la carpintería.

–Por supuesto, será un placer priapístico.

–Pero ahora llego tarde a la comida de la sociedad gastronómica otanista de Kaliningrado. Hasta más ver, amigo.

–¡Tekeli-li!