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Mujer trabajadora

El 90% del trabajo mundial lo realizan las mujeres, por el que sólo reciben el 10% de la renta.
Este dato se suele compartir por las redes sociales de vez en cuando; que los porcentajes sean más o menos precisos, o que sean interpretables, es lo de menos porque representan fidedignamente la situación socioeconómica de la mujer en el mundo.
(El dato parece derivar de un informe del Banco Mundial donde se dice que la mujer realiza 2/3 del trabajo por 1/10 de los ingresos mundiales; y otro que habla de que es responsable de entre el 75% y el 90% del cultivo mundial, un trabajo habitualmente no remunerado. Lo anterior sale de dos búsquedas rápidas en google).

La mujer también soporta el peso del trabajo de cuidados y del trabajo reproductivo. Entiéndase trabajo como la relación de poder asimétrica inherente a la economía capitalista.
(Evidentemente suscribo la tesis de Shulamith Firestone que radica el origen de la opresión capitalista en los roles de género y la opresión femenina; y por ende, entiende que su liberación es socioeconómica y culturalmente anticapitalista).

La mujer es el sujeto revolucionario y hoy celebramos la construcción de un mundo más justo.

Mercado leninista.

Buchanan and market leninism.
[the] Marxist-Leninist theory of the state, advanced by theorists such as Gramsci, Miliband and Poulanczas. Although there are many variants, the key tenets of this theory are: (1) Politics is about struggle between economic classes. The state acts in the interest of the capitalist class as a whole, and arbitrates differences among ‘fractions’ of capital; (2) Political ideas (except Marxism-Leninism) are ‘ideologies’ designed to rationalise class rule; (3) The masses acquiesce because of ‘false consciousness’ associated with submission to a dominant or ‘hegemonic’ ideology.

The private interest theory is similar to the Marxist-Leninist theory in a number of respects. The key notions are: (1) The state responds to the pressure of organised interest groups, typically tight coalitions of producer groups. Logrolling between these groups produces an outcome which benefits them collectively at the expense of taxpayers and consumers; (2) Political ideas (except free-market ideas) are ideologies designed to rationalise policies serving various interest groups; (3) Voters acquiesce because of ‘rational ignorance’ which leads them to take little interest in politics and makes them easily subject to manipulation by political interests.

The basic idea is to seek election on the basis of electorally attractive policies. On gaining office, these policies are dumped in favor of a program which is supposed to be economically correct. As the next election approaches, the rigor of this program is relaxed, and if all goes well, reelection is secured on the basis that conditions are improving. The adoption of this strategy implies a degree of contempt for the electorate which arises naturally from the interest group model’s view that the electorate is ‘ignorant and greedy’.

An important part of this strategy is the making of election promises with the conscious intention of abandoning them after the election. Indeed, the refinement of targeted election campaigns, is such that, even as promises are made, code words are given out to assure elite groups that the promises will not be fulfilled. The untrustworthy nature of political promises has long been proverbial. However, the interest group theory makes a positive virtue of dishonesty. Since election promises are merely bribes to interest groups, they should be broken whenever possible.

An even more fundamental cleavage with classical liberalism arises from interest group theorists’ disdain for ideas, which draws on a long tradition going back through Marx to Hobbes and Machiavelli. When the view that ideas are a cloak for vested interests forms part of a critical analysis of the state by outsiders, it may be useful, though it yields the curious spectacle of professional dealers in ideas arguing strenuously that ideas and arguments are of no importance. However, when such an analysis informs the thinking of political and bureaucratic elites, it is positively dangerous. If ideas do not matter, free speech is at best a luxury and at worst a distraction. Even if speech is not actually suppressed, it is debased. When political debate is seen as a charade by its participants, it naturally becomes one. Furthermore, since the system cannot be changed by reason, some form of “short sharp shock” is required. The result is a cult of ruthlessness (the catchphrase here is “tough decisions”). Since opposition to one’s policies is interpreted as a sign that interest groups are being hurt, it may be taken as evidence of correctness. The correct response is not to persuade one’s opponents, but to override them.

Estos fragmentos del magnífico artículo, del magnífico blog Crooked Timber -muy celebrado en esta humilde zahúrda-, fue escrito en 2005, y pensado para Australia. Go figure!

Es increíble como este retrato que hace del mainstream político hegemónico casa a la perfección con un país tan distante como España, y por descontado con otros países del mundo. Los Think Tanks yanquis -y los grupos de interés que los apoyan- aprovecharon sus años de ventaja en organización, infraestructuras y recursos para monopolizar el discurso del mainstream político en las primeras fases de la Globalización. Había que dejar claro que no había alternativa a la ortodoxia libremercadista, y por extensión, al egoísmo individualista objetivista.

Si a los paralelismos que establece John Quiggin con el marxismo-leninismo le conjugáramos, en la parte económica, lo que dice Ha-Joon Chang en “23 cosas que no te cuentan sobre el capitalismo”, la conclusión sería que si acaso alguna vez existió, hace mucho que no vivimos en esa supuesta democracia liberal sustentada en los principios de John Stuart Mill; y ni mucho menos ha habido algo similar a mercado libre, o las manos invisibles.

Música cotidiana.

Suele ocurrirme que a determinadas acciones, o momentos, asocio una música. Por ejemplo, recuerdo que la última vez que me pelee, hace mucho tiempo, dicho sea de paso, Guerrilla Radio atronaba en mi cabeza:

(…) They hold the reins and stole your eyes
Or the fistagons
The bullets and bombs
Who stuff the banks
Who staff the party ranks
More for Gore or the son of a drug lord
None of the above fuck it cut the cord (…)

Casi cualquier otra canción de Rage Against the Machine sería igualmente proclive para tales menesteres, así como hoy en día podría sonarme Exhale de Machine Heads.
Pero en esta entrada no se va a hacer apología de la violencia: niños, recordad no intentar esto en casa.

Si pienso en el Tetris del Spectrum vendrían a mi cabeza, como con el elefante de Lakoff, Demócrata y Cristiano de La Polla Records y Se le apago la luz de Alejandro Sanz -culpa de la adolescencia moña de mis dos hermanos-.

Como se puede ver, algo que hasta hoy era exclusivo del ámbito personal; pero estos días me he sorprendido cantando mentalmente El gitano Antón, de Peret, mientras leía el pan nuestro de cada día de las corruptelas del Partido Popular.

(…) Llegó la pestañí, que también era caló,
llegó la pestañí, que también era caló
y tuvo la mala bají, de hacer la investigación
¡Y tuvo la mala bají, de hacer la investigación! (…)

Parece que se fuera a arrancar a cantar en cualquier momento Francisco Camps.
Este pintoresco asociacionismo provendrá en parte de la inclinación que tienen últimamente los políticos populares por pagarlo todo en efectivo -y quién les podría recriminar no fiarse de los bancos-; una reminiscencia inevitable de tiempos pretéritos, donde el flujo monetario empezaba y terminaba en el colchón de cada cuál.
Ahí los tenemos, que igual pagan un viaje cercano a 10.000 euros, que se presentan en el BBVA de enfrente del Congreso a ingresar 300.000pavos; menudencias.

El dinero debe constituir el hábitat natural de unos políticos que excusan fortunas hereditarias, y yo diría que casi orgánicas, cuando algún desaprensivo les afea semejante trasiego de papel moneda; como si tuviera algo de malo ser multimollonario por designación divina -orecalificativourbanística-, o solazarse entre el dinero cual gorrino en muladar. No por nada, una de las imágenes idílicas con las que el capitalismo preña el imaginario colectivo, ya desde niños, es la del tío Gilito nandando en un mar de calderilla.
Aunque nuestros políticos populares no incurren en excesos pueriles, prefiriendo esa entelequia física que son los billetes de 500 euros.

No por vicio, cuidado; el político del Partido Popular necesita sentir sobre el cuerpo la textura del billete, a modo de parche de nicotina: que la tinta se funda con el sudor y discurra por su pituitaria.
Sin duda alguna, si hiciéramos un exhaustivo análisis del ADN de dichos políticos, a buen seguro encontraríamos trazas del billete en sus organismos. (…)

Sigue sonando en mi cabeza la rumba de Peret, si cabe con más insistencia, cuando pienso en la sentencia del Yak 42.
Trillo, que hubiera pasado a la historia de la democracia como el Ministro más ridículamente engolado -con viento fuerte de levante-, de no haber traspasado cualquier límite permisible de indignidad con este caso, cree que la contrición de un supernumerario del Opus, afectada con inspiración shakespeariana -aunque no pase de opera bufa-, bien debería convalidar cualquier responsabilidad política, administrativa, o penal.

El rezo convulso y compulsivo puede quedar muy bien como postal mariana, pero alguien tendría que exigirle a este indeseable que recoja la poca dignidad que le pueda quedar, y se marche para dejar de emponzoñar la vida política.
Si ya era grotesca la falta de asunción de responsabilidades políticas, con la condena de sus tres subordinados resulta intolerable su mera presencia en el Congreso de los Diputados.

Elecciones vascas.

Primero fue Navarra, y ahora es el País Vasco, el nuevo quebradero de cabeza del Partido Socialista.
Si la federación Navarra fue llamada rápidamente al orden ante un hipotético pacto con Na-Bai, y obligada a dejar vía libre a un gobierno en minoría de UPN, dado el ruido político que el PP empezaba a capitalizar con aquello de: ZP entrega Navarra a ETA -si bien todo aquello tuvo un efecto colateral bienvenido, con la fractura de PP y UPN-, la triunfalista campaña de Patxi López y el descalabro del bipartito gallego, parecen empujar sin remedio al PSE en una huída hacia delante con destino al palacio de Ajuria Enea.

No debería cometer López el mismo error que cometieron anteriormente los nacionalistas, forjando una coalición mal llamadaconstitucionalista que excluyera a los nacionalistas de manera sistemática. Coalición que, además, nacería viciada por el oportunismo y el revanchismo del PP.
Una buena parte del votante socialista no entendería que se aceptará el apoyo de PP y UPyD para la investidura, cuando el único objetivo que persiguen estos partidos en la política vasca es la erosión del socialismo y del nacionalismo, haciendo converger sus iniciativas, en última instancia, en la exaltación del nacionalismo español pararetroalimentar a sus votantes del resto del país.

Desde cualquier perspectiva, esta coalición sería muy nociva para el PSOE; por un lado, tendría que amortizar un importante desgaste político local, abanderaro por el PNV, en el supuesto de un gobierno orquestado desde Madrid en el que se ignora a la mitad del pueblo vasco.
Tampoco se debería perder de vista ese 8.3% de voto nulo achacable a la izquierda abertzale en la órbita de ETA; el PSE debería atenuar sus manifestaciones y no entrar en sublimar una victoria españolistaque margina el voto de 100.000 personas. Esto representa el verdadero problema vasco: la sociedad tiene que encontrar las herramientas, los argumentos, para incluir a estos 100.000 vascos dentro de los cauces legales de la democracia, cualquier solución que no cuente con ellos perpetuará el problema. En este sentido, la agria reacción que provoca Aralar entre los abertzales nos indica que han de ir por el buen camino.

En el mismo supuesto, PP y UPyD aprovecharían la menor disidencia a sus postulados españolistas, la más nimia estridencia a su estanco dogmatismo para explotarlo buscando el rédito electoral.
El resultado parece claro: cuatro años de desgaste local y nacional, a lo que se sumaría una presumible decepción y desmovilización del votante de izquierda.

En la segunda hipótesis, tanto si el PSE pactara con el PNV, como si propiciara una investidura de Ibarretxe en minoría, el coste nacional también podría ser alto debido a la polémica política que generaría el PP; y también cabría achacar cierta desmovilización del votante que acude a los socialistas para castigar al PNV.
Difícil la encrucijada que se abre a los pies de Patxi López.

Mención especial merece Javier Madrazo y Ezker Batua.
Madrazo concluye una gestión pésima del partido que lo acerca irremediablemente al abismo de la desaparición. 
Con políticas conniventes con un nacionalismo alienante, de corte burgués, ha conseguido anonimizarse diluyéndose en las meras exigencias soberanistas, dirigiendo indirectamente el voto a opciones más representativas: PNV, Aralar, EA. O fomentando el voto útil al PSOE.
Espero al menos que este resultado suponga el fin de uno de los mayores responsables del descrédito de IU, en todo el territorio nacional.

Federalismo, por supuesto, pero internacionalista, y sobre todas las cosas la lucha obrera -que alguien tendrá que rescatar de la UCI-; tenemos mucho que aprender de los Partidos Trostkistas Anticapitalistas de los Trabajadores franceses.

Vaguedades.

Según parece se viene celebrando en Madrid el IV Congreso Internacional de Víctimas de Terrorismo; perdonen mi vaguedad, no pretendo ser irrespetuoso, ni dar pábulo alguno a inferencias sobre la trascendencia o la importancia de dicho congreso.

Sucede que hasta el momento lo único que había medio leído, o escuchado accidentalmente, era la típica invectiva de la AVT -haciendo campaña para el PP-, erigiéndose en autoridades morales nacionales infalibles y exigiendo nuestra filiación a sula, causa, so pena de convertirnos en malnacidos, sectarios, ácratas, criminales, o qué se yo. 
Su único argumento es el dolor, la muerte, la sangre de sus víctimas –que exprimen e instrumentalizan hasta la última gota-. Asépticamente hay que admitir que es un buen argumento, pero hay que tener mucho estómago y muy pocos escrúpulos para utilizarlo por un mero interés político.

También supe del nuevo episodio de la estulta tragicomedia en la que se ha convertido la vida de José María Aznar: un pobre infeliz al que lo único que le queda en este mundo son su ignominia y su locura –y los más de 3 millones al año que le pagan Ruppert Murdoch y un fondo de capital de riesgo con sede en las fiscalmente muy transparentes Islas Caimán; 8 años de Líder Mundial y Presidente del Imperio tenían que servir para algo-.

Ante este panorama, comprenderán que no le hubiera dado mucha importancia al sarao en cuestión. Pero hoy, gracias a El País, he leído esto:

Víctima de Terrorismo

Huelga cualquier otro comentario, avergüenza la comparación con la AVT; sonroja la sola posibilidad de la comparación.

La noticia la leí en un País impreso, buscando el enlace he leído esta otra:

Risión

Caminando.

Al poco de instalarnos en Madrid, cuando ocupábamos cada día yendo y viniendo por la ciudad de entrevista en entrevista, recuerdo estar esperando a mi estimada compañera en la Avenida de Burgos, mientras ella bregaba con unos de esos nefandos esbirros de RR.HH.

Andaba distraído, deambulando por los alrededores, cuando mis procesos mentales normalmente centrífugos se tornaron centrípetos, con un movimiento audaz e inesperado.
Decía uno de estos alemanes locos de tupés imposibles: Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.: cuando la inercia centrípeta de mis pensamientos me hizo mirar hacia el fondo de mi cerebro, vi a Aznar.

Aznar, a simple vista, puede parecer un personaje patético. Como persona: con esa melena mechada y ese aire de playboy crepuscular,alfredolandesco
Personaje que uno esperaría cruzarse en cualquier Paseo Marítimo de ciudad de provincias, rondando algún tugurio de diseño, de dudosísimo gusto, y alternando con tardoadolescentes de mirada vidriosa, exigua capacidad intelectual y líbido obliterada por una ambición desmedida.

Patético también como político. Listar todas las soplapolleces que le hemos tenido que soportar resultaría un esfuerzo ímprobo; pero para muestra sería suficiente remitirse a hace un par de semanas, cuando reconoció, a estas alturas, que no había armas de destrucción masiva en Irak.

Aquel día, entré en la Avenida de Pío XII pensando esto, pero una idea empezó a abrirse camino por mi cabeza, como revelada: no sé si fue la iluminación propia de calle con semejante nombre, o la visión en lontananza de las torres Kío y de las Torres de la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid:

¿Y si Aznar sí pasara a la historia de la política, como siempre ha pretendido? ¿Y si además lo hiciera como un político hábil e ingenioso?