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Amnistía fiscal

A propósito de la genial ocurrencia del PP con esto de la amnistía fiscal recordé lo que hace unos meses dijo Krugman, y la econoblogosfera yanqui, sobre la posibilidad de un tax holiday para empresas en EE.UU. 
Como estoy ocioso y vacacional he buscado un par de enlaces:
[t]he idea of granting a tax holiday for corporations that repatriate income they’ve kept overseas, and on which they have avoided taxes, is one of the worst ideas I’ve heard in a long time.(…)
So, what’s wrong with this, aside from the fact that any short-term gain in revenue will be much more than offset by future losses? (Think about the encouragement you’re giving to tax avoiders, who can figure that they too will get a free pass one of these days).

Repatriation is the Last Refuge of Scoundrels

Jared Bernstein desarrolló un poco más la idea:
Tax repatriation don’t go there!

Hay que decir que los demócratas que apoyaron la medida lo hicieron arguyendo que lo ingresado se podría usar para capitalizar un banco de infraestructuras. 
En España no han usado, no les ha hecho falta, ni la excusa keynesiana, ni la promesa de reavivar la demanda agregada y el empleo mediante el estímulo gubernamental.

La crisis y la Consti

“if all of Europe is going to be engaged in fiscal austerity, with the ECB adding to the downdraft instead of fighting it, there’s no way the peripheral countries can make it.”

Paul Krugman resume así la capacidad de reacción de los gobiernos que soportan la presión de los mercados. Simple y llanamente, no hay nada que puedan hacer. Nada que tenga tracción sobre la economía, al menos.
La incertidumbre económica sobre la periferia europea, en concreto la de España , elevada a self-fulfilling prophecy , sólo podría ser aplacada con el compromiso solidario e ineludible de pago por parte de los miembros más prósperos de la Unión. Léase Holanda, Francia, Suecia, pero sobre todo Alemania. La negativa de estos a avalar la deuda de la periferia agrava la crisis cerrando el círculo vicioso.

A pesar de las dificultades técnicas que supondría aceptar, siquiera tácitamente, que toda deuda europea será pagada, y que todo miembro de la Unión es subsidiario de dicha deuda, bien fuera a través de unEFSF convertido en Fondo Monetario Europeo como lender of last resort, o cualquier otra iniciativa dirigida a constituir un gobierno económico único, federal, que atajara los ataques especulativos contra países determinados. A pesar de dicha dificultad, digo, es muy posible que la verbalización del compromiso acabaría con gran parte de las dudas en el concurso de belleza de los mercados.

Si la crisis de solvencia de la deuda soberana la provoca el pésimo diseño de la estructura económica europea, ¿por qué reformamos la constitución? Una reforma, además, convenientemente contradictoria para dar pábulo futuro a todo tipo de manipulaciones, vía interpretaciones interesadas.
Tras mucho pensarlo, lo único que veo detrás de la imposición alemana es populismo para autoconsumo alemán. Como han demostrado sobradamente los impresentables de Christian Wulff y Wolfgang Schäuble, cargando contra los perezosos PIIGS –obviando el hecho de que en Grecia, por ejemplo, la jornada laboral anual es 700 horazas superior que en Alemania según los datos de la OCDE, verbigracia- para tratar de frenar, en vano, la caída en picado de la CDU, y sus socios liberales.
La pragmática Merkel se ha enredado en un juego peligrosísimo, cifrando todas sus esperanzas electorales en una alunada denuncia racista del sur. 
Imposible no sentir frustración ante la evidencia de que el egocentrismo y los evanescentes intereses personales de un puñado de políticos alemanes, están poniendo en riesgo a toda la Unión Europea –como se ha pronosticado en el Foro Ambrosetti este fin de semana, la UE no aguantará 3 años más en sus actuales condiciones-, y amenazando con arrastrar a todo el mundo hacia una recesión mundial.

Mientras tanto, en nuestra Piel de Toro, el PP promete seguir aprovechando el río revuelto para tomar por asalto el sistema de bienestar que llevan años saboteando.

Hay que decir basta.

(…) With us, we don’t even need the prohibition, most of the time. If somebody proposes a radical change, we simply accept this spontaneous everyday ideology but we all know what our economic realities are like. You propose to raise for 1% healthcare spending. No, it would mean lose of competition and so on and so on. (…)

Esto lo dijo Slavoj Žižek en su charla con Julian Assange, moderada por Amy Goodman, de Democracy Now! 
La carencia efectiva de democracia, como la denuncia de los vicios del sistema socioeconómico actual, son algo común en el discurso del filósofo esloveno. Žižek cree que la idea más apropiada para rescatarnos de la crisis actual sigue siendo el comunismo , argumento compartido por otros .

Pero la heterodoxia no se limita a las posiciones políticas más decididamente izquierdistas. Toda una serie de notables economistas capitalistas, en cuya vanguardia destacarían Joe Stiglitz y Paul Krugman, llevan años denunciando que el debate económico ha sido suplantado por un runrún monocorde y acientífico, que sólo responde a la pulsión gregaria de proteger los intereses de los más poderosos .

¿Cómo es posible que en la autodenominada era de la información, con tantos y tan valiosos testimonios a nuestra disposición sobre los que construir una oposición cohesionada para frenar el enésimo –y quizá definitivo- asalto de la plutocracia al nivel de bienestar, aparezcamos derrotados de antemano, resignados a elegir entre lo malo y lo peor como único fundamento de nuestra exangüe democracia?
¿Aceptaremos mansamente la precarización de nuestra propia vida? ¿Asimilaremos como normales gravísimas deficiencias sistémicas como el altísimo desempleo? ¿Miraremos para otro lado mientras millones de personas son abandonadas a su suerte?

¿Qué clase de falta de escrúpulos pavloviana, de learned helplessness, es ésta que nos inmuniza ante el sufrimiento ajeno? 
Hay que hacer algo. Hay que decir basta.